Entidad: REVELACIÓN
Naturaleza: Teológica
Función: Salvación + Glorificación
"A Dios nadie le vio jamás." Estas palabras de Juan 1:18 podrían dejarnos en desesperación. ¿Cómo conocer a un Dios invisible? ¿Cómo relacionarnos con quien habita en luz inaccesible?
Pero la frase continúa: "El unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer."
En Jesucristo, el Dios invisible se hizo visible. La Palabra eterna tomó carne humana. El Creador entró en Su creación. Esta es la doctrina de Cristo como el Verbo (Logos)—la verdad más asombrosa jamás revelada: Dios tiene rostro, y ese rostro es Jesús.
Esta es una doctrina teológica de la más alta importancia. Nos revela a Cristo como el Logos eterno de Dios—la Palabra divina que existía desde antes de la creación y que se encarnó para mostrarnos al Padre.
Para salvación: El Verbo encarnado es el Cordero de Dios. "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Juan 1:29). Sin la encarnación del Verbo, no habría expiación.
Para glorificación: "Y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad" (Juan 1:14). En Cristo contemplamos la gloria de Dios, y esa contemplación nos transforma (2 Corintios 3:18).
"En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios... Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad." — Juan 1:1,14
La palabra griega es Logos (λόγος). En el pensamiento griego, Logos significaba razón, lógica, el principio ordenador del universo. Para los judíos, evocaba la Palabra creadora de Dios: "Y dijo Dios: Sea la luz" (Génesis 1:3).
Juan usa este término cargado de significado para revelarnos algo asombroso sobre Jesús.
El Verbo es eterno: "En el principio era el Verbo." No dice "llegó a ser" sino "era"—existencia continua sin principio. Antes de que existiera el tiempo, el Verbo ya existía.
El Verbo es personal y distinto: "El Verbo era con Dios." La preposición griega (pros) indica relación cara a cara, intimidad personal. El Verbo no es una fuerza impersonal; es una persona en comunión con el Padre.
El Verbo es divino: "El Verbo era Dios." No un dios menor, no una criatura exaltada—Dios mismo en toda Su plenitud. El que sostiene el universo es el que nació en Belén.
El Verbo es creador: "Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho" (Juan 1:3). Cristo no es parte de la creación; es el agente de toda creación.
El Verbo es revelador: "A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer" (Juan 1:18). El verbo griego para "dado a conocer" (exegeomai) es de donde viene nuestra palabra "exégesis"—Cristo es la exégesis de Dios.
El Verbo se encarnó: "Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros" (Juan 1:14). El infinito se hizo finito. El eterno entró en el tiempo. El Todopoderoso se hizo vulnerable.
"Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo." — Hebreos 1:1-2
Hay un contraste dramático:
| Antes | Ahora |
|---|---|
| Muchas veces | Una vez para siempre |
| De muchas maneras | De una sola manera: por el Hijo |
| Por los profetas | El Hijo mismo |
| Palabras parciales | La Palabra completa |
Los profetas fueron canales de la Palabra; Cristo ES la Palabra. Ellos señalaban hacia algo; Él es ese algo. En Cristo, Dios no solo habló—Dios vino.
Nadie puede revelarnos mejor a Cristo que Cristo mismo:
"El que me ha visto a mí, ha visto al Padre." — Juan 14:9
Esta declaración es revolucionaria. Jesús no dice "el que me ha visto ha visto un representante del Padre" o "ha visto algo similar al Padre". Dice: "ha visto al Padre." Ver a Cristo es ver a Dios.
"Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí." — Juan 14:6
Cristo no es un camino entre muchos; es EL camino. No apunta hacia la verdad; ES la verdad. No ofrece vida; ES la vida.
Los apóstoles vieron, oyeron, tocaron al Verbo encarnado:
"Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida." — 1 Juan 1:1
El Verbo no es una abstracción filosófica. Fue visto, contemplado, tocado. El cristianismo no es misticismo etéreo; es verdad encarnada, histórica, tangible.
"Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí." — Juan 5:39
Toda la Biblia apunta a Cristo. El Antiguo Testamento lo anticipa; el Nuevo Testamento lo revela. Los sacrificios, las profecías, los tipos—todo converge en el Verbo encarnado.
Cristo como Logos revela la Trinidad: el Verbo es la segunda persona, distinto del Padre ("era con Dios") pero de la misma esencia ("era Dios"). El Espíritu Santo nos ilumina para conocer al Verbo.
"El Verbo fue hecho carne" es el misterio central del cristianismo. El eterno asumió temporalidad. El infinito se limitó. El impasible sufrió. Sin dejar de ser lo que era, se hizo lo que no era.
Hay una profunda unidad entre la Palabra escrita y la Palabra encarnada:
| Escritura | Cristo |
|---|---|
| Palabra de Dios escrita | Palabra de Dios encarnada |
| Revela a Dios | ES Dios revelado |
| Sin error | Sin pecado |
| Viva y eficaz (Hebreos 4:12) | Vida eterna (Juan 1:4) |
| Luz (Salmo 119:105) | Luz del mundo (Juan 8:12) |
No podemos separar la Biblia de Cristo ni a Cristo de la Biblia. Rechazar las Escrituras es rechazar al Verbo; rechazar al Verbo es rechazar las Escrituras.
"Todas las cosas por él fueron hechas" (Juan 1:3). "Por él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra" (Colosenses 1:16). El Verbo no es criatura; es Creador.
El Verbo encarnado es el Salvador. Solo Dios puede salvar, y el Verbo es Dios. Solo un hombre puede representar a la humanidad, y el Verbo se hizo hombre. En Cristo, Dios y hombre se unen para lograr la redención.
Toda nuestra vida espiritual debe ser cristocéntrica. No buscamos experiencias místicas abstractas; buscamos conocer a Cristo. Él es la revelación de Dios; conocerle a Él es conocer al Padre.
En el monte de la transfiguración, la voz del Padre declaró: "Este es mi Hijo amado... a él oíd" (Mateo 17:5). En un mundo lleno de voces, debemos priorizar la voz del Verbo.
Toda la Escritura apunta a Cristo. El creyente maduro lee el Antiguo Testamento viendo las sombras que señalan al Mesías. Lee los Evangelios viendo al Verbo en acción. Lee las Epístolas viendo la aplicación de la obra de Cristo.
Hay dos errores opuestos: el biblicismo que estudia la Biblia sin encontrar a Cristo, y la espiritualidad que busca a Cristo sin la Biblia. Ambos son errores fatales. El Verbo escrito y el Verbo encarnado son inseparables.
"El Verbo era Dios." Por lo tanto, el Verbo es digno de adoración. Jesús no es solo maestro, ejemplo, o guía espiritual—es Dios encarnado, y ante Él toda rodilla debe doblarse.
El Padre valora que Su Hijo sea conocido, honrado y adorado como la expresión perfecta de Su ser.
"Para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió." — Juan 5:23
No se puede honrar al Padre mientras se deshonra al Hijo. No se puede conocer al Padre rechazando al Hijo. Cristo no es opcional para la fe verdadera—es central, esencial, todo.
Dios se glorifica cuando Cristo es exaltado. El Padre no compite con el Hijo por gloria; el Padre se glorifica glorificando al Hijo.
"A él oíd" (Mateo 17:5). Sus palabras no son sugerencias; son mandatos del Verbo eterno. La obediencia a Cristo no es opcional para quienes le llaman Señor.
"Si me amáis, guardad mis mandamientos." — Juan 14:15
El amor a Cristo no es sentimentalismo; se demuestra en obediencia. Quien dice amar a Cristo pero ignora Sus mandamientos se engaña a sí mismo.
"Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó." — Efesios 5:1-2
El Verbo encarnado es nuestro modelo. Su humildad, Su amor, Su servicio—debemos imitarlos.
Cristo es la Palabra final de Dios. "En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo" (Hebreos 1:2). No esperamos nuevos verbos, nuevas revelaciones normativas. Todo lo que necesitamos saber de Dios ya fue revelado en Cristo y registrado en las Escrituras.
La iglesia es el cuerpo de Cristo. Estamos unidos orgánicamente al Verbo encarnado. Él es la cabeza; nosotros somos los miembros.
Cristo dirige por Su Palabra. La iglesia no se gobierna por opiniones humanas sino por lo que el Verbo ha revelado. Sus mandamientos son nuestra constitución.
La predicación proclama a Cristo. "Nosotros predicamos a Cristo crucificado" (1 Corintios 1:23). El centro del mensaje cristiano no es moralidad, autoayuda o religiosidad—es Cristo.
La adoración exalta al Verbo. Todo cántico verdadero glorifica a Cristo. Toda oración verdadera es en Su nombre. Todo culto verdadero le tiene como centro.
"Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura." — Marcos 16:15
El mundo necesita conocer al Verbo encarnado. Las religiones ofrecen sistemas, filosofías, prácticas—solo el cristianismo ofrece una Persona divina que vino a salvarnos.
Cristo es el único mediador: "Hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre" (1 Timoteo 2:5). La misión es urgente porque no hay otro camino.
Proclamamos a Cristo, no una religión: El misionero cristiano no exporta cultura occidental ni sistema religioso—proclama al Verbo que se hizo carne para salvar pecadores.
El Verbo que vino una vez, vendrá otra vez:
"Su nombre es: EL VERBO DE DIOS." — Apocalipsis 19:13
En Su segunda venida, el Verbo no aparecerá como bebé en un pesebre sino como Rey conquistador. El que fue humillado será exaltado. El que fue juzgado vendrá a juzgar.
Le veremos como Él es: "Sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es" (1 Juan 3:2).
Reinaremos con Él: El Verbo compartirá Su gloria con los suyos. "El Cordero es su lumbrera" (Apocalipsis 21:23)—en la nueva Jerusalén, no necesitaremos sol porque el Verbo será nuestra luz eterna.
¿Por qué envió el Padre al Verbo? Sus propósitos son sublimes:
Revelar al Padre: "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre" (Juan 14:9). En Cristo, conocemos verdaderamente a Dios.
Salvar pecadores: "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Juan 1:29). El Verbo vino a cargar nuestra culpa.
Glorificar al Hijo: "Para que todos honren al Hijo como honran al Padre" (Juan 5:23). La encarnación exalta al Hijo.
Completar la revelación: En Cristo, Dios dijo todo lo que necesitamos saber. No falta nada.
Unir cielo y tierra: El Verbo es el puente entre el Dios infinito y la humanidad finita. En Él, Dios y hombre se encontraron.
"En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios." — Juan 1:1
"Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros." — Juan 1:14
"A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer." — Juan 1:18
| Error | En qué consiste | Por qué es problemático |
|---|---|---|
| Negar la deidad del Verbo | Enseñar que el Logos es criatura, no Dios | Juan 1:1 dice claramente: "El Verbo era Dios" |
| Negar la encarnación | Enseñar que el Verbo no se hizo verdaderamente humano | Juan 1:14: "Fue hecho carne"; 1 Juan 4:2-3 condena esta herejía |
| Separar Escritura de Cristo | Estudiar la Biblia sin buscar a Cristo, o buscar a Cristo sin la Biblia | Juan 5:39: las Escrituras testifican de Él |
| Nueva revelación | Profetas modernos con autoridad igual a Cristo | Hebreos 1:2: "en estos postreros días... por el Hijo"—revelación final |
| Cristo solo maestro moral | Reducir a Jesús a simple enseñador de ética | Juan 1:1,14: es Dios encarnado, no solo maestro |
Negar la deidad del Verbo:
Negar la encarnación:
Separar Escritura de Cristo:
Nueva revelación:
Cristo solo maestro moral:
Pregúntate:
| Versión | Descripción | Enlace |
|---|---|---|
| Narrativa | Estás aquí | — |
| Teológica | Análisis académico con contexto histórico | Ver versión teológica |
Este contenido no es arbitrario ni fue definido por una sola persona o grupo particular. El marco doctrinal que aquí se presenta es propiedad de la Iglesia universal — el fruto acumulado de:
En última instancia, reconocemos que Dios es el artífice de toda verdad doctrinal. Él se ha revelado en Cristo, "el camino, la verdad y la vida" (Juan 14:6), y continúa iluminando a Su pueblo por la obra del Espíritu Santo, quien "os guiará a toda la verdad" (Juan 16:13).
Nosotros somos simplemente mayordomos de este depósito de fe "que ha sido una vez dado a los santos" (Judas 1:3).
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