"Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso." — Apocalipsis 1:8
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En nuestra casa sobre la colina, hay una ventana especial. Es la primera que miramos al despertar. Da directamente hacia el este, hacia donde nace el sol.
Cada mañana, antes de que podamos ver el jardín, el camino, o el horizonte lejano, la luz entra por esa ventana. Sin ella, el resto de la casa permanecería a oscuras.
Así es esta primera entidad doctrinal: DIOS.
No comenzamos aquí porque sea "lo más básico" y luego avanzaremos a temas "más profundos". No. Comenzamos aquí porque sin Dios, nada más tiene sentido. Toda otra doctrina es un eco de esta. Todo otro conocimiento es un rayo que parte de este Sol.
En algún momento de la vida, todos nos hacemos la misma pregunta. Algunos en la infancia, mirando las estrellas. Otros en la adolescencia, sintiendo el peso de la existencia. Muchos en momentos de crisis, cuando el suelo se mueve bajo nuestros pies.
¿Existe Dios?
No es una pregunta académica. Es profundamente personal. Porque si Dios existe, entonces no estamos solos en el universo. Hay Alguien detrás de todo esto. Alguien que sabe nuestro nombre.
Y si no existe... entonces somos accidentes cósmicos. Polvo organizado temporalmente. Un parpadeo entre dos eternidades de nada.
La respuesta a esta pregunta cambia todo.
Cuando miramos por esta primera ventana, no vemos una idea abstracta. No vemos una "fuerza" impersonal como la gravedad o la electricidad. No vemos un concepto filosófico para debatir en cafeterías.
Vemos a Alguien.
Alguien que existe por sí mismo, sin necesidad de nada ni de nadie. Alguien que estaba ahí antes de que "ahí" existiera. Alguien que no tuvo comienzo porque Él es el comienzo.
"Antes que naciesen los montes, y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios." — Salmo 90:2
Cuando Moisés, asustado frente a una zarza ardiente, preguntó: "¿Quién eres?", recibió una respuesta que ha resonado por milenios:
"YO SOY EL QUE SOY."
No "Yo fui". No "Yo seré". Yo soy. Presente eterno. Existencia pura. El Ser que no depende de nada porque todo depende de Él.
Esta primera entidad —DIOS— contiene seis doctrinas. Pensemos en ellas como seis paneles de un mismo vitral, cada uno mostrando una faceta del Ser infinito:
¿Realmente está ahí?
El punto de partida absoluto. No argumentamos la existencia de Dios como quien debate una teoría. La Escritura la presupone: "En el principio... Dios". Antes de cualquier otra cosa, Dios. Pero no por eso es una fe ciega. La creación grita su existencia (Salmo 19:1). La conciencia susurra su realidad (Romanos 2:15). Y el corazón humano tiene un vacío que solo Él puede llenar.
¿Qué clase de ser es?
No basta saber que existe. ¿Es Dios como nosotros, solo más grande? ¿Es una fuerza? ¿Una energía? No. Dios es Espíritu (Juan 4:24). Es personal —piensa, siente, quiere, actúa—. Es santo, completamente diferente a todo lo creado. Es infinito donde nosotros somos finitos. Es inmutable donde nosotros cambiamos con cada estación.
¿Cómo es Él?
Si la naturaleza nos dice qué es Dios, los atributos nos dicen cómo es. Aquí descubrimos que es omnipotente (todo lo puede), omnisciente (todo lo sabe), omnipresente (está en todas partes). Pero también que es amor, justicia, misericordia, verdad. No son cualidades separadas, como ingredientes en una receta. Son facetas de un ser perfectamente unificado.
¿Cómo puede ser uno y tres?
Llegamos al misterio más profundo y más glorioso. Un solo Dios en tres personas: Padre, Hijo, Espíritu Santo. No tres dioses. No un dios con tres máscaras. Tres personas distintas que son un solo Dios verdadero. No lo entendemos completamente —¿cómo podría lo finito abarcar lo infinito?—. Pero lo adoramos porque así se reveló.
¿Quién tiene el control?
En un mundo que parece fuera de control, esta doctrina es ancla y refugio. Dios gobierna. Nada escapa su mano. Ni los imperios ni los átomos. Ni las decisiones humanas ni los eventos "casuales". Él tiene un propósito, y ese propósito prevalecerá.
¿Qué planeó Dios desde antes de la creación?
Antes de que existiera el tiempo, Dios ya tenía un plan. No reacciona a los eventos; los orquesta. La creación, la caída, la redención, la consumación —todo fue diseñado antes de que "antes" significara algo—. Y en el centro de ese plan eterno está Cristo.
"Bueno", podría pensar alguien, "esto es interesante teóricamente. Pero, ¿qué tiene que ver con mi vida del lunes?"
Todo.
Si Dios existe y es como la Biblia lo describe, entonces:
Tu vida tiene propósito. No eres un accidente. Fuiste pensado antes de la fundación del mundo.
Tus decisiones tienen peso. Hay un Juez. Hay un estándar. Lo que hacemos importa más allá del momento.
Tu sufrimiento tiene contexto. Hay Alguien soberano sobre el caos. Alguien que puede hacer que "todas las cosas ayuden a bien" (Romanos 8:28).
Tu futuro tiene esperanza. El Dios eterno promete eternidad a los que confían en Él.
Conocer a Dios no es un pasatiempo religioso. Es la actividad más importante de la existencia humana.
"Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado." — Juan 17:3
Las seis doctrinas que encontraremos en esta entidad no son el final del viaje. Son el comienzo.
Cada una nos acercará un poco más a Él. Cada una revelará una faceta de su gloria. Cada una nos dejará con más asombro, no menos misterio.
Porque conocer a Dios no es como llenar un vaso. Es como acercarse al océano. Mientras más nos acercamos, más vasto nos parece.
Y eso está bien. Adoramos a un Dios que no cabe en nuestras categorías. Si pudiéramos comprenderlo completamente, no sería digno de adoración.
Una advertencia y una invitación.
La advertencia: Es posible estudiar las doctrinas sobre Dios y salir con la cabeza llena pero el corazón frío. Podemos memorizar atributos y pasar de largo la adoración. Podemos debatir la Trinidad y olvidar que estamos hablando de Personas que nos aman.
No dejemos que el estudio reemplace el encuentro.
La invitación: Acerquémonos a estas doctrinas no como estudiantes ante un examen, sino como hijos ante un Padre. Como amados ante el Amante. Como criaturas ante el Creador.
Él quiere ser conocido. Más de lo que nosotros queremos conocerle.
"Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces." — Jeremías 33:3
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Este contenido no es arbitrario ni fue definido por una sola persona o grupo particular. El marco doctrinal que aquí se presenta es propiedad de la Iglesia universal — el fruto acumulado de:
En última instancia, reconocemos que Dios es el artífice de toda verdad doctrinal. Él se ha revelado en Cristo, "el camino, la verdad y la vida" (Juan 14:6), y continúa iluminando a Su pueblo por la obra del Espíritu Santo, quien "os guiará a toda la verdad" (Juan 16:13).
Nosotros somos simplemente mayordomos de este depósito de fe "que ha sido una vez dado a los santos" (Judas 1:3).
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