"He aquí que yo hago nuevas todas las cosas." — Apocalipsis 21:5
Proyecto abierto de la Iglesia | Colabora como voluntario
Hay una última ventana en nuestra casa. No mira hacia adentro, ni hacia los lados, ni hacia atrás. Mira hacia adelante. Hacia el horizonte. Hacia donde el sol se pone... y donde un día nuevo amanecerá.
Es la ventana de la esperanza.
Así es esta sexta y última entidad: MISIÓN Y CONSUMACIÓN.
Hemos contemplado a Dios, Su revelación, Su creación, cómo restaura la relación rota, y cómo forma un pueblo. Pero queda una pregunta fundamental:
¿Hacia dónde va todo esto? ¿Cuál es el final de la historia?
Hay un malentendido común sobre la vida cristiana.
Algunos piensan que el punto es simplemente "ser salvos" y luego esperar —sobreviviendo— hasta que Cristo regrese o la muerte llegue. La vida cristiana como sala de espera. Aguantar hasta que nos llamen.
Pero esa imagen es profundamente deficiente.
Somos salvos para algo. No solo salvos de algo.
Cristo no nos rescató del naufragio para dejarnos flotando pasivamente. Nos rescató para enlistarnos en Su misión. Para hacernos participantes de Su obra en el mundo.
"Como me envió el Padre, así también yo os envío." — Juan 20:21
Hay una tensión en el Nuevo Testamento que no debemos resolver prematuramente.
Por un lado, Jesús anunció: "El reino de Dios se ha acercado" (Marcos 1:15). Tiempo presente. Ya está aquí. En la persona de Cristo, el Reino irrumpió en la historia.
Por otro lado, Jesús enseñó a orar: "Venga tu reino" (Mateo 6:10). Tiempo futuro. Todavía no está completamente aquí. Esperamos su manifestación plena.
¿Cuál es? Ambos.
El Reino ya llegó en Cristo. Pero todavía no se ha consumado. Vivimos en el "ya pero todavía no". En el tiempo entre la victoria decisiva y la celebración final.
Como soldados después del Día D pero antes del Día V. La batalla decisiva ya se ganó en la cruz. Pero siguen habiendo combates hasta que el enemigo se rinda completamente.
Esta entidad —MISIÓN Y CONSUMACIÓN— contiene cinco doctrinas. Son el mapa hacia el futuro que Dios ha prometido:
¿Qué es y cómo participamos?
El Reino no es un lugar geográfico. No es una denominación. Es el gobierno de Dios manifestándose. Donde Dios reina, hay Reino.
Y nosotros somos invitados no solo a entrar sino a participar. A ser agentes del Reino. A hacer visible en pequeñas formas lo que un día será total.
Cuando se hace justicia, hay Reino. Cuando hay reconciliación, hay Reino. Cuando los últimos son tratados como primeros, hay Reino.
¿Qué debemos hacer mientras esperamos?
No estamos aquí solo para esperar. Estamos aquí para proclamar.
"Id, y haced discípulos a todas las naciones." — Mateo 28:19
El evangelio no es propiedad privada. Es buena noticia que debe ser anunciada. A vecinos y a naciones. Con palabras y con vidas que las respalden.
La misión no es actividad opcional para los "más comprometidos". Es la razón por la que seguimos aquí después de ser salvos.
¿Qué pasa cuando morimos?
La muerte es enemigo vencido, pero todavía presente. Todos la enfrentaremos —a menos que Cristo regrese antes—.
¿Qué sucede después? Los creyentes pasan a estar "con Cristo, lo cual es muchísimo mejor" (Filipenses 1:23). No es el destino final, pero es reposo. Es espera consciente. Es anticipo de lo que viene.
¿Regresará Cristo?
Sí. Literalmente. Visiblemente. Corporalmente.
"Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo." — Hechos 1:11
No sabemos cuándo. Pero sabemos que vendrá. Y ese día todo cambiará. Los muertos resucitarán. Los vivos serán transformados. El juicio final será ejecutado.
¿Cómo termina la historia?
Cielos nuevos y tierra nueva. No destrucción de la creación sino renovación. No escapar del mundo sino redención del mundo.
"Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron." — Apocalipsis 21:1
La presencia de Dios llenándolo todo. Sin muerte. Sin llanto. Sin dolor. El propósito eterno de Dios completamente cumplido.
"La escatología es para fanáticos que hacen gráficos y predicen fechas", piensan algunos.
Y es verdad que ha habido abusos. Predicciones fallidas. Especulaciones irresponsables. Gente más interesada en identificar al anticristo que en seguir a Cristo.
Pero la respuesta a los abusos no es abandonar la doctrina. Es entenderla correctamente.
Si no hay consumación futura, entonces el mal gana. La injusticia queda sin resolver. Los mártires murieron en vano.
Si no hay segunda venida, entonces Cristo mintió. Prometió regresar. Si no lo hace, no podemos confiar en nada más de lo que dijo.
Si no hay resurrección corporal, entonces la redención es incompleta. Dios creó cuerpos y los llamó buenos. ¿Los abandonará para siempre? No. Los restaurará.
Si no hay misión mientras esperamos, entonces la vida cristiana carece de propósito. Somos salvos para algo. Tenemos trabajo que hacer.
La esperanza del futuro no nos hace pasivos en el presente. Nos energiza.
¿Cómo vivimos sabiendo que esto no es todo? ¿Que hay un "después" que lo cambiará todo?
Con urgencia. El tiempo es limitado. Las oportunidades de proclamar el evangelio no duran para siempre. "La noche viene, cuando nadie puede trabajar" (Juan 9:4).
Con perspectiva. Los sufrimientos del presente no son comparables con la gloria venidera (Romanos 8:18). No porque no importen, sino porque no son la última palabra.
Con fidelidad. No sabemos cuándo vendrá el Señor. Pero sabemos qué debemos hacer hasta que venga: ser fieles con lo que nos confió.
Con esperanza. No esperanza como deseo vago, sino esperanza como ancla firme (Hebreos 6:19). Certeza de lo que viene basada en el carácter de quien lo prometió.
Hay algo que debemos recordar sobre el "final" de la historia.
No es realmente un final. Es un comienzo.
La consumación no es el telón que cae sobre el drama. Es el telón que se levanta sobre la eternidad.
Todo lo que hemos explorado en estas seis entidades —conocer a Dios, recibir Su revelación, maravillarnos de Su creación, ser restaurados por Su gracia, pertenecer a Su pueblo— todo eso continúa. Para siempre. Sin fin.
"Y así estaremos siempre con el Señor." — 1 Tesalonicenses 4:17
Siempre.
Conociendo más de un Dios infinito.
Explorando más de una creación renovada.
Amando más a un pueblo perfecto.
Adorando más al Rey de reyes.
El viaje que comenzamos mirando por la primera ventana —DIOS— no termina aquí. Se expande hacia la eternidad.
Este contenido no es arbitrario ni fue definido por una sola persona o grupo particular. El marco doctrinal que aquí se presenta es propiedad de la Iglesia universal — el fruto acumulado de:
En última instancia, reconocemos que Dios es el artífice de toda verdad doctrinal. Él se ha revelado en Cristo, "el camino, la verdad y la vida" (Juan 14:6), y continúa iluminando a Su pueblo por la obra del Espíritu Santo, quien "os guiará a toda la verdad" (Juan 16:13).
Nosotros somos simplemente mayordomos de este depósito de fe "que ha sido una vez dado a los santos" (Judas 1:3).
Esta wiki es un proyecto comunitario. Si deseas aportar, corregir, profundizar o colaborar activamente:
Si tienes preguntas sobre este contenido, deseas hacer aportes teológicos, o quieres unirte activamente al equipo doctrinal de SINODE:
Este contenido forma parte del Modelo Doctrinal, desarrollado con la arquitectura IDENTI-PRO para ayudarnos a conocer a Dios.
Continua la conversacion
- Comparte tus preguntas en nuestra comunidad
- Lee mas reflexiones en el Blog SINODE