"Vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios." — 1 Pedro 2:9
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Hay una ventana en nuestra casa que mira hacia otras casas. No estamos solos en esta colina. Hay vecinos. Hay una comunidad. Hay un pueblo.
Cuando miramos por esta ventana, no vemos individuos aislados caminando cada uno su propio sendero. Vemos familias. Vemos reuniones. Vemos mesas compartidas y trabajos en común.
Así es esta quinta entidad: COMUNIDAD.
Hasta ahora hemos contemplado a Dios, Su revelación, Su creación, y cómo restaura la relación con individuos. Pero Dios nunca se propuso tener solo individuos. Siempre quiso un pueblo.
Es curioso cómo muchos piensan que la fe es "algo entre Dios y yo". Un asunto privado. Personal. Interior.
Y sí, hay un aspecto profundamente personal en nuestra relación con Dios. Él nos conoce por nombre. Nos ama individualmente. La fe no puede ser heredada ni delegada.
Pero la idea de un cristianismo solitario es completamente ajena a la Escritura.
Dios no salvó a Abraham para que fuera un creyente aislado en su tienda. Lo salvó para hacer de él una nación.
Dios no liberó a un israelita de Egipto. Liberó a un pueblo entero.
Jesús no llamó a un discípulo. Llamó a doce. Y de ellos, formó una comunidad.
El Espíritu no descendió sobre un individuo en Pentecostés. Descendió sobre todos los reunidos.
¿Ves el patrón?
Dios siempre trabaja formando pueblo.
La palabra "iglesia" viene del griego ekklesia: los "llamados fuera". No es un edificio. No es una organización. No es una denominación.
Es la asamblea de los que han sido llamados fuera del mundo para pertenecer a Dios.
Hay una Iglesia universal —todos los creyentes verdaderos de todos los tiempos y lugares—. Y hay iglesias locales —comunidades concretas de creyentes que se reúnen en un lugar específico—.
Ambas son Iglesia. Ambas son importantes. No podemos pertenecer a la universal sin comprometernos con una local.
Esta entidad —COMUNIDAD— contiene cinco doctrinas. Cada una ilumina un aspecto de lo que significa ser el pueblo de Dios:
¿Qué es y para qué existe?
La Iglesia es el cuerpo de Cristo (Efesios 1:22-23). No una metáfora vacía: un organismo vivo donde Cristo es la cabeza y nosotros los miembros. Cada uno necesario. Cada uno conectado.
También es la esposa de Cristo (Efesios 5:25-27). Amada. Comprada con sangre. Esperando el día de la boda final.
Y es templo del Espíritu (1 Corintios 3:16). No edificios de piedra, sino personas donde Dios habita.
¿Reemplazó la Iglesia a Israel?
Esta doctrina corrige un error histórico y peligroso. La Iglesia no "reemplazó" a Israel. Los gentiles creyentes fuimos injertados en el olivo de Israel (Romanos 11:17).
Hay un solo pueblo de Dios a través de la historia. No dos caminos separados. No dos destinos diferentes. Un pueblo, un Mesías, una esperanza.
Los judíos que rechazan a Cristo están temporalmente "desgajados". Pero las promesas de Dios a Israel permanecen. Y un día, "todo Israel será salvo" (Romanos 11:26).
¿Por qué estamos tan divididos?
Si hay un solo pueblo, ¿por qué tantas denominaciones? ¿Por qué tantas divisiones? ¿Por qué hermanos que no se hablan?
Esta doctrina nos llama a lo que ya somos: uno en Cristo. La unidad no es algo que debemos crear; es algo que debemos guardar (Efesios 4:3).
No significa uniformidad. No significa ignorar diferencias. Significa reconocer que lo que nos une es infinitamente mayor que lo que nos separa.
¿Qué hacemos cuando nos reunimos?
La adoración no es la música antes del sermón. Es la respuesta de todo nuestro ser ante la revelación de Dios.
Incluye alabanza, pero también oración. Incluye cánticos, pero también predicación de la Palabra. Incluye emoción, pero también voluntad rendida.
"Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren." — Juan 4:24
¿Para qué son el bautismo y la Cena?
Cristo nos dejó señales visibles de realidades invisibles. El bautismo proclama nuestra muerte y resurrección con Cristo. La Cena proclama Su muerte hasta que venga.
No son mera tradición. No son rituales vacíos. Son medios de gracia que fortalecen nuestra fe y nos unen como pueblo.
"Puedo ser cristiano sin ir a la iglesia", dicen algunos.
Técnicamente, la salvación es por fe en Cristo, no por membresía en una congregación.
Pero esa frase revela una comprensión deficiente del evangelio.
Cristo no vino solo a salvar almas individuales que flotarán solas por la eternidad. Vino a formar un pueblo. Una familia. Un cuerpo.
Cuando rechazamos la comunidad cristiana, estamos rechazando algo que Cristo compró con Su sangre. Estamos diciendo que el plan de Dios necesita ajustes. Que sabemos mejor que Él cómo funciona la vida cristiana.
La fe personal es el comienzo. La fe comunitaria es donde crece.
De todas las imágenes que Dios pudo haber usado para describir a Su pueblo, eligió algunas muy específicas:
Cuerpo. No una colección de individuos, sino un organismo. El ojo necesita la mano. El pie necesita el oído. "Si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él" (1 Corintios 12:26).
Familia. No compañeros de trabajo. No socios comerciales. Hermanos y hermanas. Con un Padre común. Con una herencia compartida.
Templo. Piedras vivas edificadas juntas. No ladrillos apilados sin conexión, sino una estructura donde cada pieza encaja y todas juntas forman morada de Dios.
Esposa. Una relación de amor, intimidad, fidelidad, esperanza.
¿Ves lo que todas estas imágenes tienen en común?
Conexión. Interdependencia. Imposibilidad de funcionar en aislamiento.
Seamos honestos: la comunidad cristiana es difícil.
Hay conflictos. Hay decepciones. Hay heridas. A veces los que más nos lastiman son los que se sientan junto a nosotros en el culto.
Pero también hay algo que no existe en ningún otro lugar del mundo.
Hay perdón practicado. Hay amor que no se rinde. Hay hermanos que aparecen cuando todo el mundo desaparece. Hay manos que sostienen cuando las rodillas fallan.
La comunidad cristiana no es perfecta porque está compuesta de pecadores en proceso de santificación. Pero es el lugar donde Dios eligió morar en la tierra. Es el anticipo del cielo.
"Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía." — Salmo 133:1
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Este contenido no es arbitrario ni fue definido por una sola persona o grupo particular. El marco doctrinal que aquí se presenta es propiedad de la Iglesia universal — el fruto acumulado de:
En última instancia, reconocemos que Dios es el artífice de toda verdad doctrinal. Él se ha revelado en Cristo, "el camino, la verdad y la vida" (Juan 14:6), y continúa iluminando a Su pueblo por la obra del Espíritu Santo, quien "os guiará a toda la verdad" (Juan 16:13).
Nosotros somos simplemente mayordomos de este depósito de fe "que ha sido una vez dado a los santos" (Judas 1:3).
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